Un actor de la compañía hace la presentación de lo que sería el teatro en los corrales de comedias, durante el Siglo de Oro.

Sala de estar de la posada. Primeras horas de la mañana. Aparece en escena Fabricio. En un prólogo, pone en situación y antecedentes al espectador. Aparece el Marqués. Viene buscando a Mirandolina. Las relaciones de ambos no son buenas. Con aire altivo, el Marqués se interesa por la posadera, llegando a la confidencia con Fabricio. Ante un desaire de éste, al marcharse, se queja del trato que le da. Aparece el caballero. El Marqués y él se han conocido la noche anterior, la de la llegada del caballero. Este, ante las alabanzas del marqués hacia Mirandolina, manifiesta su odio por la mujeres y la flaqueza de los hombres que se enamoran.

En la conversación aparece Mirandolina. El caballero la trata con desaire y brusquedad, exigiéndole que le cambie las sábanas. Mirandolina queda confundida por el trato recibido. Se vuelven a encontrar cuando Mirandolina le trae otro juego de sábanas. Eso conmueve al caballero, aunque a la menor oportunidad, aprovecha para lanzarle sus puyas ante Fabricio y el Marqués. Llega incluso a comparar a las mujeres con los caballos. Esto hace que tome la determinación de vengarse del caballero insolente por la afrenta hecha a las mujeres.